Número 1|Edición Fronteras|2019| Poemas

Libre es quien quiere ser libre

No hay cadenas que aten al alma

porque al alma trasciende al cuerpo

y en su viaje hasta la muerte  

nada ata al alma que quiere ser libre.

Somos hijos de la muerte

porque como una madre

a todos nos ha de besar

Morir no quiero hoy

Al menos hoy, quiero vivir

Dejar en este campo una semilla

y que mañana digan que viví.

Como las rosas que decaen

mi alma pierde su color

pero a otros entrego el perfume de mi ser

porque así sé que alcanzaré la eternidad.

Como Lorca buscaba su duende

yo busco el mío en tus brazos

Morir en el rosal de tu cuerpo

que a veces espina y a veces perfuma

No es lo que quiero, morir

Si es por querer

en tus brazos deseo alcanzar de nuevo el orgasmo

porque te vi una mañana de febrero

y me dejaste una tarde de mayo

Aún no sé tus razones

Me odiaste, me olvidaste

Y yo aún te sueño en las mañanas de febrero.

No hay olor comparable al de la tierra mojada

El tuyo, tal vez sea aún más audible

Me invade como el tañido de las campanas

Como el cañón del soldado

Olerte es como respirar

Respiro tu olor y vuelvo a ser

Escucho tu aroma y te vuelvo a amar.

Inmersa en el vagón

has de aparecer

Tus palabras han de caer

como flores sobre el jardín

para recordar que el otoño viene

y que no hay época mejor

que el otoño de tus años

El duende se esconde bajo la hojarasca

solo en otoño en la hojarasca cobriza

el duende puede esconderse

Busco bajo la hojarasca, que ahí, impregnada de tu olor,

Tú estás.

Eres artista

y yo ni sé que soy

Como un tímido mocoso

mis palabras se atascan

Se atascan mis palabras

y no puedo decir lo que decir quiero

Puedo, acaso, suspirar

porque al verte sobre las tablas

tu arte ejecutar

se asoma el duende y me recuerda

que soy solo un tonto que por tu amor muere.

Nadie muere de amor

Lo sé y aun así muero

Nadie vive de amor

Lo sé y aun así vivo por tu amor

Tu amor no llega

y yo, cada día muero otro tanto.

Jamás he visto al pájaro compadecerse de sí mismo

Tú y yo, sí. Nos compadecemos. Nos quejamos.

Te vi… Nos vimos

No nos dijimos hola y mucho menos te quiero

Me dolió.

Me dejaste una tarde de mayo

No lloré

No porque no quisiera

No lloré porque no pude

Creí que podía hacer el milagro

y en algún momento

hacerte volver

Cruel y despiadada

como solo las mujeres llegan a serlo

me olvidaste

Rogué, supliqué

No volviste

Entonces lloré como un niño

Pero con los años aprendí:

para algunas cosas se necesitan dos

pero para otras basta la decisión de uno

Es triste

Es cruel.

Cuántos años

No son tantos y si lo son

Te perdí y hoy lloro

Lloro porque te perdí

Hoy tu risa no existe

Sin tu risa mi vida es triste

Triste es mi vida hoy

Porque en tu risa alcancé el orgasmo

Si te amé entonces

Hoy te extraño

Como el hambre, tu ausencia me hiere

Saciarme de ti quisiera

hasta indigestarme

Porque si vomitar tengo

y de seguro lo haré

quiero que sea este amor que me envenena

Tu cuerpo me fue amputado

Lo extraño

Lo deseo

Añoro tu desnudez

tus exclamaciones de placer

tu piel trepidar

tu voz apagarse

aquietarse en un suspiro, un jadeo

un gemido que confiese tu placer

Te amé, y te amo

Te amo, y te amé

No sé cómo curarme de ti

O acaso, no quiero sanar

Quiero que la herida siga abierta

Que el dolor me hinque el alma

Solo así sé que contigo viví

Porque hoy no vivo

Sobrevivo.

¿Y si volvemos a ser uno?

No sé si quieres

Ni sé si quiero

Porque de ser, otra cosa será.

Francisco de Asís Martínez Pocaterra

Francisco de Asís Martínez Pocaterra

(Venezuela)

«Escritor prestado al derecho»

Fran es hombre de leyes, articulista, amante de la literatura, el teatro y la fotografía. Le gusta reflexionar sobre lo que acontece en el mundo y echarle una mirada a la historia para entender mejor el presente, al que siempre pareciera estarle tomando el pulso. Lee de todo, compara, relaciona, aprende, disfruta. Y en la escritura encuentra una válvula no solo para expresar sus reflexiones e inquietudes sobre lo que ve, sino también para expresar lo que siente. Para él es el medio idóneo que le permite apartarse de la rigidez del mundo de las leyes y darle forma a aquello que le dicta su imaginación y sus emociones. Pero también es su refugio, donde se siente cómodo, libre y a gusto, porque, en realidad, como él siempre afirma, es un «escritor, prestado al derecho».

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