Número 1|Edición Fronteras|2019|Prisma

La naturaleza establece sus propias fronteras, pero a veces desconoce las que le marca el ser humano. Muchas plantas, por ejemplo, se adornan con espinas para protegerse de los depredadores, formando un escudo protector que adquiere formas bellas y variadas. Hay animales que advierten con sus colores brillantes que es mejor mantener la distancia y, si se viola esa frontera, el veneno que exudan sus pieles brillantes actúa como la última barrera defensiva. Otras veces, vemos como el agua desborda los límites establecidos por los seres humanos, o vemos brotar plantas y flores en lugares insospechados: una flor en medio de una pared, un árbol borde de una cornisa, retoños que brotan del piso, raíces que se revelan contra el concreto. Juan Bernardo Calero nos ofrece una pequeña muestra de esto.

Juan Bernardo Calero

Juan Bernardo Calero

(Venezuela)

«La moto me da libertad, la cámara me conecta con el mundo»

JB es un ingeniero industrial que trabaja en el mundo de la construcción. Pero lo que realmente lo identifica es que es motociclista y fotógrafo, o fotógrafo y motociclista, porque es que desde niño JB anda por el mundo en dos ruedas y tomando fotos de todo lo que le rodea. No estudió formalmente fotografía, sino que fue aprendiendo este arte por instinto, mirando y apreciando las obras de otros fotógrafos, experimentando, leyendo, compartiendo con sus colegas, viviendo a través de su lente. Le gusta ver la vida en blanco y negro y expresar en cada foto esa nostalgia que lleva tatuada en el alma, capturando en sus imágenes lo que está allí y que nadie más ve. Este motociclista va por la vida retratándola. Su moto le da libertad y su cámara lo conecta con el mundo.

IG: @jbcalero