Cuentos

La pelota detenida


Aymara Lorenzo

Número 1|Edición Fronteras|2019|Cuentos

El silencio de la sala se quebranta de forma cíclica por el bip del monitor cardíaco. El respirador artificial da cuenta de que todavía está atada a este mundo. Solo tiene un mes así. En la penumbra no se distingue su rostro impasible. Parece una imagen captada por una cámara. Atrapa mi atención, por un momento, lo único que se mueve ahí dentro, lo que no es muy difícil, tomando en cuenta que ya tengo 24 horas sin dormir esperando una señal de mejoría. Es blanca y sobre ella se concentra un haz de luz. Bien podría compararse con un punto del espacio polar. Atrapada en un tubo transparente y empujada por una manguera que tiene forma de acordeón —sin acento musical—, se mueve de arriba hacia abajo, al tiempo que transita el aire por sus pulmones. La bolita blanca, del tamaño de una pelota de ping pong, trae a mí un pensamiento: rodó como una metra por las escaleras.

Un descuidado juguete de sus bisnietos marcó su destino. Al llegar al piso quedó desconectada de este mundo. Supongo que algo así como si le hubiesen apagado la luz. No sé si tiene contacto con el otro mundo, con el de sus sombras y sus espíritus. La única señal de vida es el movimiento del respirador.

Mi abuela tiene 84 años, más lúcidos que mis escasos 34, y con un oído más afinado que el mío, que he dedicado mi vida al arte de escuchar. Cuando se divorció de mi abuelo, al poco tiempo, él murió —ella decía que era su viuda. Desde entonces, contaba que él le hablaba y que en algunas ocasiones la llamaba para que fuera a acompañarlo. Quizás ahora, mientras la veo a través del vidrio de terapia intensiva, ella mantiene una discusión acalorada con él, argumentando que todavía le falta ver a los bisnietos de su hijo, mi padre. «No me voy a ir contigo Emilio, todavía tengo mucho que hacer aquí en la Tierra», recuerdo claramente que me repetía, una y otra vez, cuando contaba sus vivencias al amparo de Morfeo.

Sigo abstraída en la pelota pensando en la expresión de espanto de mi abuela mientras la caída libre era dueña de su cuerpo. Es solo el choque intempestivo de la puerta, seguido de una tropa de uniformados azules, lo que me hace reaccionar ante lo que pasa. Supongo que es algo fuera de lo calculado. Con el medicamento que le habían suministrado debía mantenerse estable su frecuencia cardíaca. Dos enfermeros rodean la cama; otro, desfibrilador en mano, se lanza sobre su pecho para atajar su corazón escurridizo. Uno…, dos…, tres intentos… Todos en vano… Mientras, yo me quedo mirando la pelota detenida.

Aymara Lorenzo

Aymara Lorenzo

(Venezuela)

«Comunicar es un arte»

Esta periodista venezolana, que ha ejercido su profesión por más de 27 años como reportera, entrevistadora, articulista y ancla de uno de los matutinos de información y opinión más importantes de Venezuela, es amante del arte, la literatura y la actuación sobre las tablas. Junto con la Aymara periodista convive la Aymara creativa, la que tiene alma de actriz y vocación de escritora, que ha encontrado su propia voz a través de la narrativa. Y ya sea desde lo noticioso e informativo o desde lo creativo y artístico, para Aymara Lorenzo, sin dudas, «comunicar es un arte».

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