Cuentos

La frontera entre nos


Carlos E. Verde Salina

Número 1|Edición Fronteras|2019|Cuentos

No recuerdo en qué momento empecé a quererlo, qué me hizo desearlo o el instante en el cual comencé a amarlo.  No recuerdo el día exacto en el que, por primera vez, oré por él antes de dormir, o cuando de pronto ya no me gustaban los fines de semana porque no lo veía.

Solo sé que el sentimiento fue creciendo poco a poco, hasta el punto que era inevitable observarlo desde lejos o resistirme a sus invitaciones, que nunca fueron algo más que una salida entre amigos. Pasé años imaginando miles de formas de contarle mi amor y de cómo me derretía ante el color de sus ojos.

Quienes estaban a nuestro alrededor notaron mis sentimientos, quienes estaban lejos, también. Todos menos él, que parecía no entender lo que yo pensaba cuando me perdía por segundos en sus verdes pupilas. Entre nosotros había una frontera, un límite que yo no podía pasar o, al menos, eso creía.

Aunque en principio me parecía uno más, fue creciendo un sentimiento motivado por sus buenos tratos, sus gestos amables y su hermosa sonrisa, hasta que un día tuve que admitirlo, al menos, para mí mismo. «Lo amo», me dije en susurros una tarde lluviosa frente a la ventana de mi cuarto. Ya ese límite lo había cruzado después de mucho tiempo. Venía uno más grande, más complicado, decírselo. 

En mi mente dibujé miles de escenarios, miles de respuestas, desde la más triste de todas, como recibir un golpe de su parte al soltarle la noticia, a la más feliz, una inesperada correspondencia que terminara con un beso apasionado. «Valdrá la pena el golpe si logro besarlo», pensé muchas veces.

Pero nada, mis palabras no salían. Ese muro, esa frontera, ese terreno prohibido era cada vez más grande en mi cabeza. Si estábamos a solas y me hablaba, le expresaba mi amor con la mirada, pero él no entendía, —como yo tampoco entendía por qué siempre quería estar conmigo en sus salidas por un par de tragos, cuando yo ni siquiera bebía.

Un viernes, ya con la certeza de que era mejor buscar a alguien más, menos complicado y más directo, acepté como siempre una de sus invitaciones. Fuimos: mi amiga cómplice, cansada de siempre verme suspirar; mi amiga directa, la que siempre me dijo que no guardara esperanzas; y otros tantos del grupo.

Luego de dos botellas de ron, un poco de sangría y un par de cervezas, volvíamos a casa, pero esta vez, yo sí había tomado. Mi cabeza daba vueltas, las palabras en mi mente también. Detuvo el carro frente a mi edificio y, antes de bajarme, comencé a hablar sin detenerme, no estaba consciente de lo que decía. Sin saberlo, estaba cruzando la frontera, saltando el muro, pisando el terreno prohibido.

Ahora recuerdo todo borroso, como un sueño de esos en los que no logramos distinguir los rostros. Algunas frases que dije fueron: «no quiero ofenderte»; «tengo que decirte esta vaina»; «si no quieres no somos más amigos»; «pase lo que pase»; «marico, tú me gustas full».

Silencio. Silencio. Silencio. Eso sí lo recuerdo bien. El alcohol en mi cuerpo de pronto dejó de tener efecto, lo que me permitió bajarme, entrar al edificio y trancar la reja. Pude ver el carro unos minutos más mientras caminaba por la entrada y esperaba el ascensor. Luego escuché cómo arrancó muy despacio.

Aquí termina la historia, no hubo llamadas, no hubo insultos, no hubo amores correspondidos. Solo que ahora, sé lo que siente quien cruza una frontera con expectativas, buenas o malas, y llega a un lugar donde no hay nada.

Carlos E. Verde Salina

Carlos E. Verde Salina

(Venezuela)

«Lo que vivo. Lo que veo. Lo que sueño. Eso es escribir para mí»

Periodista y social media manager de profesión, escritor por vocación. Charles Green toma notas de lo que ve y de lo que siente y con ellas va tejiendo su propia narrativa. Es de los que diciendo poco da entender mucho, sin regodearse en frases muy elaboradas ni detenerse en detalles innecesarios. Charles Green va por el mundo disfrutando de cada momento, porque para él vida y arte, vida y narrativa, vida y diversión, son inseparables. Escribir es una de las maneras de estar conectado con la vida, porque lo que vive, lo que ve, lo que sueña, lo transforma en literatura.

IG: @carlosverdesalinas