En un lugar de Manhattan, que ha sobrevivido a las transformaciones de la ciudad, se encuentra un pequeño bar de jazz, donde los asiduos, devoradores de melodías y de buenas historias, conversan en un ambiente distendido, agradable, cercano, pero eso sí, de ficción.

Este es un bar imaginario. Y aquí lo único real son las conversaciones que tenemos con nuestros invitados, cómplices de antemano de nuestro juego literario.

The Bar

El humor puede ser un negocio peligroso (Parte I)

CONVERSACIÓN CON DARÍO ADANTI

Mairi Bracho La Roque

Darío Adanti (Argentina, 1971) es un humorista con una larga trayectoria. Ha expresado su creatividad e ingenio de diferentes maneras, principalmente, a través del humor gráfico. Tiene en su haber distintas publicaciones y algunos cortometrajes de animación. Es uno de los fundadores de la revista satírica española MONGOLIA, con la que también realiza espectáculos teatrales. Como profesional del humor, Darío constantemente reflexiona sobre su oficio, indagando en su historia, revisando los estudios hechos desde diferentes perspectivas y viendo cómo el humor impacta en la sociedad contemporánea generando controversias y avivando el deseo de ponerle límites. Sobre esto y otros temas, conversamos mientras disfrutamos del buen ambiente de THE BAR

Número 1|Edición Fronteras|2019 – 2020|The Bar

«Not laughing at anything is silly, laughing at everything is stupid». .

Groucho Marx

—¿Es difícil ser humoristas en estos días? ¿Se le pueden poner límites al humor?—le pregunta el bartender Johan Ónymous a Darío Adanti mientras sirve nuestras cervezas. La pregunta surge después de que Darío le mostrara su libro Disparen al humorista. Un ensayo gráfico sobre los límites del humor, el cual Johan revisó con interés.

—El humor es un tema tan complejo, un universo tan grande, Johan. Hoy día, hay una necesidad de pedir explicaciones al humor y hay una manía con eso de ponerle límites—responde Darío acompañando su respuesta con un trago de cerveza. 

La verdad es que a Darío Adanti la pregunta y las reflexiones sobre el humor y sus fronteras, se le ha hecho un tema habitual. Él ha vivido en carne propia estas cuestiones cada vez que se ha visto envuelto en las polémicas que le genera el ejercicio del humor, como tener que lidiar con protestas y amenazas de grupos que intentaron boicotear los espectáculos teatrales de Mongolia, la revista satírica de la cual es editor, o como tener que hacerle frente a una demanda interpuesta por el torero José Ortega Cano en al año 2016, acusando a la revista de haber vulnerado su honor al usar su imagen de forma caricaturezca en un cartel para promocionar uno de sus shows.

Disparen al humorista. Un ensayo gráfico sobre los límites del humor, Darío Adanti

Mientras hablamos sobre estas controversias y de lo polémico que puede ser el humor, el ambiente en The Bar se va animando. Al fondo suena «In a sentimental mood» interpretada por Duke Ellington y John Coltrane.  

—El humor puede ser un negocio peligroso, ¿no? —le comento a Darío mientras disfruto mi rica cerveza.

—Sí, sí, sí. Sin dudas, así es.

—Y el poder no tiene sentido del humor—interviene Johan deslizando el menú en la barra—I’ll be right back, guys.

Los clientes poco a poco van llenando el local y Johan cada vez más se ve demandado por la clientela.

—Darío, ¿qué es el humor para ti?, ¿como lo defines?, porque de buenas a primera asociamos el humor con lo cómico, pero son dos cosas diferentes, o eso creo. Además, la verdad es que usamos la palabra humor también para referirnos a un estado de ánimo, diciendo, por ejemplo, «estoy de mal humor», «tengo un humor de perros», ¿no?

—Sí, así es.

—O, por el contrario, decimos «estoy de buen humor» o «estoy de humor para hacer tal o cual cosa». Entonces, visto así, va más allá de la risa y de lo gracioso. Y por cierto, yo estoy de humor para comer…

—Yo también. Veamos el menú…

Decidimos compartir algunos appetizer y, después de hacer nuestra selección, Darío se acomoda en su asiento y con gesto reflexivo me dice:

—Yo creo que es muy complejo definir lo que es el humor exactamente, Mairi, porque le hemos dado a la palabra un montón de sentidos diferentes, pero todos tienen un nexo en común. Lo que decías, usamos frases como «estoy de mal humor» para hablar de cómo te sientes. O también la frase «el sentido del humor», que la usamos para decir si alguien tiene o no capacidad de reírse, de ser divertido. Y, en este sentido, hay una especie de intuición sobre qué puede llegar a resultar cómico. Hay mucho humor que puede sorprendernos y producirnos cierta gracia sin ser absolutamente cómico. La comicidad es un concepto raro. A mí me gusta comparar al humor, y lo hago un poco en el comic Disparen al humorista, me gusta hablar del humor como que…, como que…, eh… como que si el humor fuera un agujero negro, porque una vez que entrás en los conceptos del humor, de lo risible, de la comicidad, es como que entrás en una parte del universo donde cambian todos los códigos y nada es exactamente lo que parece.

—Y, además, en el humor el contexto es importante. Es decir, algo resulta más o menos graciosos dependiendo del momento y de las circunstancias.

—Sí, sí, sin dudas. Y, también está la sensibilidad de cada persona. No me acuerdo quién decía… A ver… —juega con su botella mientras trata de recordar—. Creo que lo decía Darwin en su libro a La expresión de las emociones en los hombres y los animales… Sí, en su libro sobre las expresiones. Él contaba, y lo hace también citando a otros naturalistas amigos suyo, contaba que…, que el humor es universal, porque no hay, ni siquiera una tribu perdida en el Amazonas, que no tenga… eh… que no se ría y que no genere algún tipo de humor para hacer reír a los otros, ¿no? Pero a la vez, decía Darwin, que por más que el humor sea universal, al mismo tiempo, es lo más particular que hay, porque cada grupo se ríe de una cosa y dentro de ese grupo, hay pequeños grupos que se ríen de cosas distintas y dentro de esos grupos, cada individuo se ríe de una cosa diferente.

Johan Ónymous se acerca para tomar nuestro pedido y le encargamos Pimento Cheese & Bacon Crostini, Swing Buffalo Wings, que es una de las especialidades de The Bar y Sweety Jazz Potatos.

—En el humor, como te decía Mairi, que es un concepto amplio, hay cosas que no son graciosas, pero que son humorísticas y que no se perciben igual, es decir, que todos no las perciben igual. Y, aunque a alguien no le resulte algo del todo cómico, o no le resulte del todo humorístico, de alguna manera, percibe que allí hay humor. Es tan difícil de definir toda esta galaxia del humor. Y ocurre siempre algo muy gracioso y es que, siempre cuando lo quieres definir, aparece algo que te lo desarma. Yo le llamo humor a la gran familia de sucesos relacionados a la sonrisa, a lo cómico, pero también a la ironía, al cinismo, también a cierta cosa sorpresiva… Por eso, yo creo que definir el humor es un asunto muy complejo…

—El efecto sorpresivo es esencial…—hojeo nuevamente Disparen al humorista

—Uno de los elementos del humor es el chiste y, dentro del mecanismo del chiste, la sorpresa es fundamental para que al otro le haga gracia, para que le sorprenda el final. Por ejemplo, hay un chiste muy malo, pero clásico en España, que dice: «Iban dos tipos caminando y se cayó el del medio».

—Jeje, ¡qué malo!

—Malísimo, jeje. Hay varias versiones de ese chiste como una que dice que iban dos en una moto en vez de caminando, pero el hecho es que se cae el del medio. Es una tontería que a mí me gusta utilizar como prototipo para analizar el humor, porque, claro, tú planteas una secuencia lógica: van dos personas y una se cae, ¿no? Uno tiende a pensar que se cae una u otra. ¡Pero no! La sorpresa es que se cae la del medio. En el chiste la sorpresa es muy importante.

—Y, ¿es igual escribir un chiste que contarlo?—coloco el libro nuevamente sobre la barra.

—¿Sabes que, si hay una cosa que a mí vuelve loco, es escribir un chiste? Trabajé mucho tiempo haciendo humor gráfico y ahí sí que había que escribir chistes. El problema cuando tú escribes chistes, no un texto cómico o algo humorístico, sino específicamente chistes, como se te ocurren a ti, no sabes si son sorpresivos o no, porque a ti no te sorprende, ¡se te han ocurrido a ti mismo!, Por lo cual es complicado, ¿no?

—Te hacía la pregunta porque el chiste tiene también mucho de gestualidad…

—Sí, muchísimo. Eso también es maravilloso. Si te ponés a pensar, por ejemplo, en el slapstick que es el humor mudo de las películas de Chaplin o de Buster Keaton, ellos no necesitaban de la palabra para hacer humor.

—No, en lo absoluto.

—Hay algo también casi primitivo: nosotros somos capaces de generar humor o comicidad, o risa, o una sonrisa a través de lo físico, entonces, eso es también fundamental a la hora de contar un chiste.

—Y en el universo del humor, Darío, ¿cómo te definirías?, porque se habla de cómicos, comediantes, humoristas…

—A mí me gusta definirme como humorista y no como cómico… Yo no sé si lo que yo hago es cómico, a mí no me gusta llamarme como tal. Prefiero decir que hago humor y que soy humorista, porque el humor es más amplio, ¿no? Por ejemplo, una novela de… Qué sé yo…, de Mark Twain, incluso, de Patricia Highsmith, tienen humor sin ser novelas cómicas y sin ser del todo humorísticas. Son novelas que puede que tengan un tono humorístico. O sea, también podríamos referirnos al humor como un tono, una forma, un estilo.

—Exactamente. En esos casos, el humor sería un recurso narrativo. El autor se vale de la ironía, utiliza frases de doble sentido o deforma una situación al punto de hacerla risible o para mostrar lo absurda que puede llegar a ser… Por otro lado, la sátira en sí es un género literario…

—En nuestro show, a través de la sátira, Edu y yo (Eduardo Galán es su socio en Mongolia y su compañero en el escenario) tratamos de contar o de expresar de manera graciosa, cínica o agresiva, una opinión, una situación, lo que fuera. Pero, claro, nos basamos mucho en chistes, es decir, inventamos muchos chistes cargados de cinismo, ironía para expresar esa opinión.

Al otro extremo de la barra veo a un grupo reírse a carcajadas por algo que uno de ellos muestra en el teléfono y que,  inmediatamente, reenvía a sus compañeros. Al fondo suena «Sweet and Lovely», de Thelonious Monk.

—En esta era digital, Darío, donde hay acceso a la información como nunca antes, en la que el uso de las redes sociales te permite comunicarte con todo el mundo y a toda hora, se hace mucho humor, es decir, se recurre al humor para expresar no solo lo que se piensa sino lo que se siente. Se cuentan muchos chistes, buenos y malos; se hacen o se utilizan montones de memes y GIF…, en fin…—dicho esto y, después de tomar un sorbo de cerveza, reviso mi teléfono.

—Sí, sí, sí. Total. Con las redes sociales nos hemos dado cuenta de que todos podemos hacer humor y que hay mucho humor dando vuelta… Y vemos cómo el humor también se usa para la agresión, para la agresión simbólica, no real, pero se usa para agredir. De hecho, en la sátira nos basamos mucho en eso, intentamos agredir simbólicamente a aquello que creemos que está mal, como, por ejemplo, un gobierno, una decisión política, una figura pública o lo que fuera, ¿no? Pero, eso mismo, esa misma intención agresiva, todos la aplicamos en la vida diaria, digamos, al decir algo chungo sobre nuestros jefes, o sobre la empresa donde trabajamos, o al criticar a nuestra expareja… Ahora, a través de las redes sociales, lo que contabas, encontramos mucho más humor de lo que veíamos antes, pero, por otro lado, esas mismas redes sociales que nos han dado la oportunidad de opinar eh…, bueno, es como que muchas veces forman una especie de algoritmo que determina que, si son más de tanto el número de ofendidos, eso tiene una trascendencia. Entonces, los medios levantan una nota y la difunden, la gente la lee y reacciona y, muchas veces, tienen una percepción de que lo que ocurrió es mucho mayor de lo que realmente fue.

—Se tergiversa la información.

—Sí, sí, sí. Totalmente. Y eso lleva a que muchas veces la persona que ha hecho un chiste o emitido una opinión con un tono humorístico, tenga que pedir perdón, porque siente un acoso por las redes que va más allá de la crítica…, lo tratan casi como si fuera un asesino de niños… Y, entonces, la verdad, es que es un fenómeno raro que creo que está relacionado con la infantilización de la sociedad, que es algo que están hablando mucho los psicólogos: la sociedad se ha infantilizado. Nos hemos convertido en niños grandes. Entonces, dentro de ese fenómeno, queremos hacer oír nuestra voz y, si algo nos ha ofendido, ¡queremos denunciarlo y que el mundo se entere! —lo dice levantando su botella— y, si encontramos que otros también se han ofendido por lo mismo, formamos un grupo, ¡todos juntos, que nos reconozcan! ¡Salud! —termina su pequeña arenga con un trago de cerveza.

—Jejeje, ¡salud!… Pero… No sé… Me parece que ahora hay una mayor preocupación sobre lo que es ofensivo, ¿no? Y, muchas veces, aunque solo se quiere hacer un chiste, o un comentario gracioso sobre algo, eso puede viralizarse y generar una tormenta digital y llegar a ofender a un montón de gente. Y, entonces, en medio de esa tormenta surge una mayor necesidad de estar explicando el chiste.

—Sin dudas, sin dudas, es un fenómeno global.

—Tengo la percepción, pero me lo dirás tú que eres el experto, que antes cuando escuchabas un chiste tú te reías o no, te gustaba o no te gustaba. Ahora pareciera que tiene que haber una explicación y no solo una explicación, a veces, me parece, que hasta tiene que haber una justificación.

—Sí, la exigen por lo menos, sí, es así…

—Y, ¿eso no mata el chiste?

—Para mí sí. Lo mata completamente. Eh… Siempre han existido humores…, diferentes sentidos del humor, digamos. Humores que por ahí a mí no me gustaban y sí les gustaban a otros. Humores que les gustaban al otro y a mí no. Lo que hablábamos, lo que decía Darwin, el humor es universal, pero de qué se ríe cada persona es mucho más particular. Y, sin embargo, antes uno decía, «¡Bua! Qué chiste tan malo», o te decían «Qué chiste de mal gusto, qué desubicado este tipo», y quedaba allí el tema, ¿no? Yo creo que este fenómeno, esta obsesión constante por cuestionar el humor, tiene que ver con… con…, entre otras cosas, con el fenómeno de las redes sociales, lo que dijiste de la era digital, porque la era digital nos ha conectado a todos. Realmente ha democratizado la libertad de expresión. Y la libertad de expresión que yo defiendo a muerte, como todo invento humano, porque es un invento humano, es contradictoria.

—¿A qué te refieres?

—A que, parte de esa contradicción, es que nos hemos dado cuenta de que, ahora, todos podemos expresar lo que pensamos sobre las obras, acciones, comentarios de los demás, pero a la vez nos hemos vuelto hipersensibles a los comentarios y creemos que todo es personal. Y creemos que nuestra opinión vale de algo. Es decir, no sé por qué tenemos la necesidad de opinar sobre todo.

—Y emitir juicios, muchas veces a la ligera. ¿Será que ahora nos hemos vuelto más sensible a la ofensa y, por otro lado, tenemos más libertad para ofender?

—A mí me pasa que me meto en redes, leo un artículo y está todo el mundo criticando a favor o en contra de lo que dice ese artículo y, la mitad de las veces, no sé si a ti te pasa lo mismo, Mairi, no sé qué opinar, que todavía me falta información, que me falta procesar lo que he leído, que no soy capaz de meter mi opinión de forma inmediata. Yo siempre intento no dar mi opinión así tan rápidamente, sino más o menos intentar pensar que, por ahí, también me puedo equivocar.

En ese momento, un mesonero nos trae nuestros appetizers. Hacemos espacio en la barra para colocar los platillos que lucen espectaculares. Comenzamos probando los crostinis. Nos deleitamos con la mezcla de texturas y sabores, equilibrio perfecto entre la crocante tostada y la cremosidad del queso que se funde con el sabor ahumado del pimentón y la tocineta. Luego, invito a Darío que pruebe las famosas Swing Buffalo Wing mientras yo me deleito con una.

—Yo creo que esa frontera entre lo que es correcto políticamente o no, Darío, entre la ofensa y la crítica, son límites que ahora no están muy claros y, ahora que mencionas que hay una infantilización de la sociedad, a veces pienso que las redes sociales vienen a ser, muchas veces, el patio del recreo.

—El patio de juego del colegio, sí…—dice Darío mientras él también se dispone  a probar una Buffalo Wing y la baña generosamente con la salsa—Mmm, qué rica está, ¡me encanta!

—Y en ese patio de juego, muchas veces, te pueden hacer bulling, ¿entiendes?

—Totalmente, te pueden hacer bulling, sin dudas…—termina de saborear su Buffalo Wing, se refresca con un sorbo de cerveza y continúa—Yo creo… A mí me sorprende lo de la corrección política, porque yo creo que es un error. Yo lucho contra la incorrección política, y lucho contra la corrección política también. Lucho contra las dos.

—Se hacen cuestionamientos al humor y al humorista que, en muchas ocasiones, evidencian una doble moral. Al final, ¿qué es ser correctamente político?—pregunto mientras como una sweet potato—, porque dependiendo de los contextos y de las realidades, hay una cosa que se considera políticamente correcta en un momento dado y, en otro, en diferentes circunstancias, cambia la percepción y se ve como todo lo contrario.

— Sí, sin dudas. De hecho, a mí me gusta decir que, los de la derecha más conservadora, pero más retrógrada, me refiero a los Trump, los Bolsonaro y tal, eh… se llenan la boca diciendo que ellos son incorrectos políticamente. ¡Es mentira!, porque luego cuando les tocan la nación, la religión, la bandera o cualquiera de sus símbolos, o su heterosexualidad, o la familia conservadora, les parece un agravio, se sienten súper ofendidos. Para ellos, que tu hagas una broma sobre la familia estereotipada, o sobre la heterosexualidad, o la masculinidad, sobre lo que consideran que es lo correcto y que lo critiques, a ellos les resulta incorrecto. Y, en lado opuesto, para alguien más liberal o progresista, que se critique a la mujer, a los homosexuales, transexuales, lesbianas, resulta incorrecto por una conciencia de maltrato general, ¿no?, de maltrato general histórico, digo… Pero con lo que yo alucino es que, con el tema del humor, o el tema de la narrativa, pareciera que no caen en la cuenta, tanto unos y otros, de que estamos hablando de una ficción, y de que en la ficción uno no siempre emite su opinión. Lo que tú decías antes, uno no hace un chiste porque necesariamente esté opinando eso. A veces, simplemente se hace un chiste, un chiste bestia, negro, no porque se opine eso, o porque se sea insensible, sino porque el chiste también funciona casi que como un mecanismo de descarga catártica en una situación tensa.

—Es así. La risa alivia. Y, también, muchas veces te ríes de manera involuntaria, en situaciones que, bueno, eh… Por ejemplo, ves a alguien que se cae en la calle de una manera absurda, pero cómica, e inmediatamente te da un ataque de risa…, aunque tu intención no sea burlarte de la persona.

—Claro, te da risa espontáneamente, ¿viste? Es que no terminamos de entender que mi risa, que es una reacción involuntaria, como el bostezo, no es culpable de la caída. Pareciera que, con el tema del humor, el chiste es el culpable de la realidad que retrata. Si tú haces un chiste negro sobre un drama, por ejemplo, un atentado terrorista, digamos, eh… tú no eres culpable del atentado terrorista. Es más, debería movilizar a la gente… La gente debería sentirse más ofendida por el atentado en sí que por un chiste, ¿no? 

—De acuerdo…

—Como te decía antes, el humor es un universo tan grande… La mayoría de… de historiadores, más que historiadores, antropólogos, lingüistas, gente que ha estudiado el tema, que lo ha analizado, ellos han encontrado que hemos usado el humor para cosas muy, muy diferentes, ¿no? Desde contribuir a la cohesión social, generando empatía, pues la gente que se ríe de las mismas cosas siente un vínculo en común, hasta usar el humor como un medio para digerir situaciones complejas de manera catártica, porque son cosas muy difíciles de enfrentar. Robert Elliott, un profesor americano de literatura, tiene un libro que se llama The power of sitire, y allí cuenta que la sátira empezó en todas las sociedades primitivas como un rito mágico. Era una manera de maldecir al enemigo, un ritual que se seguía para maldecir al enemigo. En esas sociedades primitivas se creía que, con la palabra y el reírse del otro, se le estaba echando una maldición. También hay antropólogos que cuentan que cuando los seres humanos éramos más tribales, una tribu se burlaba y se reía de otra tribu y le hacía escarnio, porque era una manera de diferenciar el «ellos» del «nosotros».

—¿Y no te parece que la gente ahora es más consciente de lo poderoso que puede ser el humor?

—Sí, es cierto.

 —Porque si bien, puede usarse la burla y el escarnio de manera negativa, para excluir y humillar, por otro lado, el humor es un arma que se puede usar para expresar desacuerdos, molestias y dejar en evidencia de manera ingeniosa situaciones y personajes, es una manera de hacer una crítica aguda. El problema es que hay mayor sensibilidad con respecto a las opiniones contrarias. Incluso, cuando se hace un chiste sobre algo trivial, esto puede causar mucho daño, aunque no sea la intención. Es como que la línea que separa la crítica de la ofensa se ha vuelto difusa, movediza y frágil.

—Yo creo que es un punto muy interesante, porque está relacionado con lo que decís de por qué ahora la gente se ofende más y está más pendiente del humor. Tenemos el caso de la revista Charlie Hebdod que, con una portada ofendió tanto a un círculo de fanáticos, que hizo que fueran a sus oficinas en París y los mataran, ¿no?, eh…

—Eso fue terrible…

—Yo creo que el humor tiene un poder más psicológico, más simbólico y que ese poder se lo hemos dado porque cada vez nos volvemos más simbólicos. Siempre hemos sido animales simbólicos…

—Los únicos que se ríen y, como tú explicabas, usábamos la risa de manera ritual.

—De hecho, los científicos dicen que muy poca gente se ríe sola… Tú te ríes solo, sí, pero te ríes poco solo, porque la risa es para compartir, para generarla o para que te la generen, ¿no?— comienza a sonar «Moanin», interpretada por Art Blakey & Jazz Messengers y Darío con su botella, sigue los primeros compases

—Y es contagiosa…

—Es contagiosa como el bostezo, pero es para compartir. Y en su dimensión simbólica, encima tiene esta carga, de, de…, por así decirlo…, una carga antigua, como te decía, de ser un recurso tanto para desahogar y generar empatía, como para maldecir y excluir al otro; que tiene que ver con marcar diferencias, con lo que está bien y con lo que está mal. Pues, estamos dándonos cuenta de que, en este mundo, que cada vez se vuelve más simbólico, el humor es una gran arma. Pero entendamos que sigue siendo un arma simbólica—comienza a sonar «Moanin», interpretada por Art Blakey & Jazz Messengers y Darío con su botella, sigue los primeros compases.

—Un arma utilizada por el humorista o por aquellos que, sin serlo, quieren expresarse a través del humor.

—Sí, pero, por más que sea un arma simbólica y logre ofender tanto, al final, quien muere es el humorista. El poder de lo material que es la bala que lo mata, eso, es más fuerte que el humor, ¿no? 

Mairi Bracho La Roque

Mairi Bracho La Roque

(Venezuela)

«La vida es arte y las expresiones creativas son reflejo de la vida».

Mairi disfruta ver el mundo a través del arte y la escritura. Las artes visuales han sido el medio en el que se ha desenvuelto profesionalmente y una de sus grandes pasiones. En la escritura encontró su refugio, su voz. Le fascinan las ciudades, internarse en sus luces y escudriñar en sus sombras, descubrir las historias que la mueven, que le dan vida. A travé de la escritura expresa lo que ve y lo que siente. Y en el arte encuentra espacios de pausa, pero también flujos de energía que incitan al movimiento, a la creatividad. Y es que Mairi camina por el mundo con la convicción de que «la vida es un arte y las expresiones creativas son reflejo de la vida».

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