Así lo veo

Al borde del abismo digital


Luis Robles Bello

Número 1|Edición Fronteras|2019|Así lo veo

Suena la alarma. Una pantalla con una canción desgastada por el tiempo y el uso, recuerda que hay que levantarse. El sol se cuela por las persianas. Hay que trabajar. Te das vuelta en la cama y revisas las notificaciones. Montones de bocadillos con información variopinta. A Genoveva le ha encantado tu fotografía de las hamburguesas de la calle 10. Policarpio ha compartido un cuadro con parte del poema If— de Rudyard Kipling que has visto en el MoMA. Entre me gusta y retweets, bajas de la cama y llevas contigo esa vorágine digital que lo sabe todo de ti.

Redes sociales, blogs, páginas de noticias, consumismo moderno en Mach 5, donde la verdad, las mentiras, las noticias falsas y la adoración a los gatos, como en el antiguo Egipto, se encuentran y compiten por tu atención. Cada abismo digital, en su vacuidad reverberante, se convierte en una cromosfera que se traga las horas. Ni Cthulhu mismo podría haber diseñado semejantes artefactos atemporales capaces de distorsionar el espacio tiempo sin obedecer las leyes físicas.

Lo saben todo de ti. Están tailor made para acaparar tu atención, tu tiempo, tu espacio y, finalmente, tu dinero. Como una estadística más, pululamos por una tundra plagada de avisos de neón en colores brillantes. Cada una de las redes se especializa en saber algo de ti y las otras se alimentan de esta marea de información para generar un perfil muy detallado de cosas que, probablemente, de forma inconsciente, ni sabias de ti mismo.

Tomemos, por ejemplo, Instagram. Instagram, es tu nutricionista. Conoce tu dieta regular, los tragos que más te agradan, los helados, los dulces, los regalos. Facebook, sabe quiénes son tus amigos, qué hacen y dónde están; cómo interactúan; qué consideras como una noticia y en qué publicaciones confías. Twitter, es un mercado persa, ruido absoluto, donde todos gritan su opinión en una burbuja de protección y anonimato. Todos se insultan y todos se ponen nombres como los bullies residentes de un kindergarten. Reddit, es una soda cáustica que corroe hasta al más valiente, donde una pregunta sencilla puede convertirse en el campo de Batalla de Gettysburg. Youtube, es el lugar donde vemos los reflejos del día a día y opinamos en contra (siempre en contra), de alguna manera. Con la nueva revolución digital, tenemos a los guerreros del teclado, los defensores de lo indefendible y, tenemos, quizás, a lo peor de toda la fauna virtual: los ofendidos por todo, por lo que es, por lo que no es, por lo que deberían y por lo que no.

Relámpagos y destellos

Las redes, sin embargo, son una selva muy diferente al parque de grama corta que fueron en sus orígenes. Facebook, se convirtió en el sitio con más memes por pulgada cuadrada sobre la faz de la tierra. Por otra parte, partir del atentado en el teatro Bataclán en París, la efe azul implementó una forma de alerta para tus conocidos y familiares, donde puedes notificar que, efectivamente, estás vivo y fuera de peligro. Esto funciona más o menos bien. En enero 2018, cuando colapsó un puente peatonal en Florida, me llegaron no menos de una veintena de notificaciones de amigos que salieron ilesos.

Twitter, por su parte, se ha convertido en el pasquín del pueblo. Debido a su instantaneidad, posee una velocidad de propagación ridícula, avergonzando a la gripe. Las noticias ocurren primero en Twitter que en los diarios y en los sitios de noticias. Es mucho más fácil enterarse de un chisme por Twitter que de cualquier otra manera. Por supuesto, con su debido bemol de distorsión de la realidad. Cada persona con una cuenta de esta red es o un reportero, o un mentiroso en potencia. Algunos, toman los hechos y los desvirtúan; otros, los exageran. Y. en esa dinámica, mucho se pierde en la traducción, al punto de que el radio de señal-ruido es tan alto que, básicamente, podemos despreciar cualquier información.

Luego, en todas las redes tenemos quizás la bajeza más grande que nos han hecho los señores en sus fortalezas digitales: cambiar el algoritmo de ser cronológico a tener puntos de interés. Ya no sabemos qué ocurrió primero, qué ocurrió después o cuál es la consecuencia de algo. Ahora, solo vemos memes, noticias, noticias falsas, imágenes y gatos haciendo diferentes actividades, todo esto enlazado en un velo de lo que Facebook, Twitter e Instagram considera que puede ser más interesante para ti. Por lo cual, puedes ver el juicio antes que el crimen.

Facebook, por su parte, se vio envuelto en uno de los escándalo más sonados del año 2018: Cambridge Analytica. Quizás nunca sabremos el grado de la fuga de información, pero basta decir que la aplicación en Android posee el registro de las llamadas entrantes y salientes y de cuánto duraron; el registro de los mensajes de texto y de casi cualquier cosa extraíble. Es un asalto a la privacidad y una muestra de cuán a merced estamos de estos agentes inescrupulosos y de cuánto tenemos que cuidarnos las espaldas. Aquello de «a los amigos cerca y a los enemigos aún más cerca» se hace cada día más necesario.

Para terminar, tenemos las mensajerías digitales instantáneas (Whatsapp, Telegram, Tango, Duo, Hangouts, Messenger et al) que, con un ritmo acelerado, dejan de ser mensajería de texto reemplazantes de los vestigios del pasado (SMS, llamadas por la línea, ¿recuerdan que los contactos tienen un número telefónico?) para convertirse en otras fortalezas de memes y frases sin sentido, como bienvenidas a cada uno de los meses (incluso a cada semana con un emocionante «Bienvenido lunes», en un falso positivismo que intenta circundar la soledad), hasta mercados negros de diferentes productos que estorban en la casa y ya no se necesitan, o mercados donde se ofrecen y solicitan servicios, se buscan opiniones y hasta la más mínima atención.

Nuestra forma de vida basada en el carbono, se diluye lentamente en imágenes brillantes digitales, que nos alejan más de las personas y nos acercan a una idea falsa de lo que queremos representar como individuos. Nuestra sociedad se desarma y vivimos a través de las pantallas de nuestros dispositivos en vez de ver el mundo con nuestros ojos sin poder despertar de este sueño colectivo que llamamos presente.

Luis Robles Bello

Luis Robles Bello

(Colombia)

«La Suerte es la forma en la que dios obra secretamente para que no te des cuenta que te está ayudando».

Esta es una de esas raras ocasiones donde un ingeniero de sistemas es capaz de tener sensibilidad estética, dejando atrás el pensamiento cuadrilátero característico de esta profesión. Ingeniero por error, escritor por vocación. Desde temprana edad está en guerra consigo mismo, porque las artes, la palabras, la belleza del lenguaje se contraponen a la rigidez matemática, a la exactitud de las ciencias. Una visión del mundo dividida entre ambos hemisferios. Aunque pareciera que Luis que va peleando con la vida, detrás de la máscara se oculta un alma gentil, empeñada en cambiar el mundo. Un cuento a la vez.

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